La perversidad del pecado

La perversidad del pecado es incalculable y va más allá de lo que podamos imaginar porque el pecado es un engendro de Satanás.
Es tan grave el pecado que por causa de él Cristo murió en una cruz como el Cordero de Dios para quitarlo radicalmente.
Cuando Israel se rebeló contra Dios, su pecado fue tan grave que tuvo que hacer Moisés sobrenatural para buscar el perdón de Dios a favor de Israel.
Observa: “Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo.” Deuteronomio 9:18.
Favor leer y analizar Deuteronomio 9.6-29.
Nota Pastoral 018

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