El compromiso cristiano

Los cristianos verdaderamente nacidos de nuevo, en Cristo, a través de su Espíritu Santo, de conformidad con la palabra de Dios, tenemos una  identidad única y una marca indeleble. La marca es el Espíritu Santo y la identidad es El Señor Jesucristo, como Salvador y Señor absoluto de nuestras vidas.

Nuestra identidad tiene propósito definido: “De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!” 2 Corintios 5:17 RVC.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10 RVR1960

Nuestra marca indeleble: “En este caso, «el Señor» significa el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Con la cara descubierta, todos nos quedamos mirando fijamente la gloria del Señor, y así somos transformados en su imagen cada vez con más gloria. Este cambio viene del Señor, es decir, del Espíritu.” 2 Corintios 3:17-18 PDT.

“¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.” 1 Corintios 6:19-20 RVC.

Es este caso, nuestro compromiso principal es vivir para Dios, agradándolo en todo: “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;” Colosenses 1:10 RVR1960.

Lo importante de todo esto es que tanto nuestra nueva identidad como la marca que llevamos, me refiero tanto al Señorío de Jesucristo como a la acción del Espíritu Santo, son de aplicación diaria en nuestras vidas, tanto en lo que pensamos como en lo que hablamos y hacemos.

Así lo confirma la palabra de Dios: “Por lo tanto, preparen su mente para la acción, estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado.

Pórtense como hijos obedientes, y no sigan los dictados de sus anteriores malos deseos, de cuando vivían en la ignorancia. Al contrario, vivan una vida completamente santa, porque santo es aquel que los ha llamado. Escrito está: «Sean santos, porque yo soy santo.» Si ustedes llaman «Padre» a aquel que al juzgar se fija en lo que se ha hecho, y no en quién lo hizo, vivan el resto de sus vidas en el temor de Dios.” 1 Pedro 1:13-17 RVC.

Con base en todo lo anterior, así es como Dios quiere que seamos y actuemos: “Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor y apártate del mal. Él será la medicina de tu cuerpo; ¡infundirá alivio a tus huesos!” Proverbios 3:5-8 RVC.

“Ahora escuchen con cuidado, ustedes los que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, y estaremos allá un año, y haremos negocios, y ganaremos dinero.» ¡Si ni siquiera saben cómo será el día de mañana!  ¿Y qué es la vida de ustedes?  Es como la neblina, que en un momento aparece, y luego se evapora. Lo que deben decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.» Pero ustedes se jactan con arrogancia, y toda jactancia de este tipo es mala. El que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, comete pecado.” Santiago 4:13-17 RVC.

Procuremos, pues, con diligencia pensar, hablar y hacer todo dentro del marco de la voluntad Dios, guiados por su Espíritu Santo según la palabra de Dios y así cumpliremos nuestro principal compromiso como cristianos. En verdad esto es de aplicación en todos los aspectos de nuestras vidas. Hacer todo como para Dios y no para los hombres.

Reflexión 30

Mayo 28 de 2018

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