Para poder vivir bajo la autoridad de Dios es necesario conocer y reconocer personal e íntimamente que Él es Dios Soberano y Absoluto; y que además, su voluntad para nosotros es soberana, absoluta e incuestionable, en Cristo Jesús, mediante su Espíritu Santo.

Este reconocimiento sólo se puede hacer por la fe en Él, con base únicamente en la revelación de su Palabra. En su Palabra escrita ya está revelada su voluntad soberana, absoluta e incuestionable. En consecuencia, es necesario conocer bien su palabra revelada, para creerla y obedecerla con humildad y amor.

Tenemos que reconocer y aceptar la triste realidad que en el día de hoy tanto la juventud como la moría de los adultos en nuestras iglesias o congregaciones locales ignoran, desconocen la Palabra de Dios. A la gran mayoría de nuestros niños en los hogares no aprende la palabra de Dios como debieran. Por eso cada día hay más religiosidad y menos conocimiento de Dios, de manera íntima y personal. Eso contribuye para que haya mundanalidad y desconocimiento de la voluntad de Dios,

Por tanto, vamos a estudiar en este momento una de las tantas enseñanzas de la palabra de Dios, acerca de cómo vivir bajo su autoridad. Porque además de lo que hemos dicho, estamos  viviendo tiempos en los que para muchos Dios no es real, es sólo un invento de la debilidad e ignorancia del ser humano, en un asunto que es sólo para mujeres ignorantes. Pero lo más triste es que aún entre la mayoría de los creyentes se ha perdido el sentido de reverencia, de temor ante su majestad y de respeto a Dios en su presencia.

Por otro lado, muchos están más concentrados en todo lo que Dios les pueda dar en lugar de concentrarse en Él, porque somos más antropocéntricos, egocéntricos y ególatras, concentrados en nosotros mismos, en nuestros propios intereses personales y egoístas, tanto así que no queda tiempo para Dios.

Por eso, tenemos la necesidad de convertirnos en creyentes teocéntricos, centrados sólo en Dios, por medio del Señor Jesucristo, a través del Espíritu Santo, por la fe en la revelación de la Palabra de Dios. Es tiempo para atender con mucho cuidado lo que nos enseña la palabra de Dios, por ejemplo, la siguiente escritura:

“Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.” (Hebreos 12:1-4 NVI)

Para poder entender todo el contenido de estos versículos que acabamos de leer, hay que leer, estudiar y analizar los capítulos 10 al 13 de la Carta a los Hebreos. (Por favor, léalos y estúdielos).

Por ejemplo, en el capítulo 10, se nos llama a tener muy en cuenta la obra de Cristo a favor nuestro y también todo aquello que quiere el Espíritu Santo para que vivamos por la fe, bajo la autoridad de Dios, de acuerdo con lo que nos ha sido revelado en su Palabra.

“Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando. También el Espíritu Santo nos da testimonio de ello. Primero dice: «Éste es el pacto que haré con ellos después de aquel tiempo —dice el Señor—: Pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente.» Después añade: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades.» Y cuando éstos han sido perdonados, ya no hace falta otro sacrificio por el pecado.

Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa. (Hebreos 10:14-23 NVI) – Por favor, ante de seguir, les de nuevo Hebreos 12.1-4 y observemos un poco:

¿Cuál es la multitud tan grande de testigos que nos rodea? Es la multitud que relata el capítulo 11 de Hebreos, la cual se divide en dos grupos: Primero, los que tuvieron grandes triunfos por la fe, según los versos 2 al 34; y Segundo, los que tuvieron que sufrir hasta la muerte de diversas formas por la fe, versos 35 al 38.

Y como es cuestión de vivir por fe o de creer, inicia el capítulo 11 con una definición de la fe, en el verso 1, y una aplicación de cómo agradar a Dios, en el verso 6, terminando con dos poderosas declaraciones en los versos 39 y 40, para luego entrar al reto de la enseñanza del capítulo 12.

Así que vale la pena darle un vistazo a estos cuatro eventos del capítulo once de Hebreos: Primero, definición de la fe: “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1 NVI),

Segundo, la aplicación de la fe: “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.” (Hebreos 11:6 NVI).

Tercero, el resumen del primer grupo de hombres y mujeres de la fe: “los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.” (Hebreos 11:33-34 NVI).

Cuarto, lo que se afirma del segundo grupo de hombres y mujeres de la fe:  “…Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. (Hebreos 11:35-38 NVI)

En dos últimos textos, hay un reto para nosotros hoy, dice: “Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. (Hebreos 11. 39-40 NVI)

Observa bien, “pues Dios nos había preparado algo mejor.” Ese “algo mejor” ya lo leímos en Hebreos 10.14-23. Sería sabio y conveniente que lo vuelvas a leer, antes de seguir.

Aquí aprendemos, que todos ellos son testigos delante de Dios, para nosotros en el día de hoy, y como tales, son un ejemplo de una vida bajo la autoridad de Dios, porque por fe, creyeron que Dios era Soberano, Todopoderoso y Absoluto, y lo demostraron con su dependencia de Dios y su fidelidad a Él, y su obediencia, agrandándolo en todo, en medio de cualquier circunstancia, favorable o adversa.

En consecuencia, el reto es, si ellos pudieron, nosotros con mayor razón podemos, porque hoy somos hijos de Dios y su Espíritu Santo está en nosotros para vivir y guiarnos a toda la verdad, por el Poder de Dios, sólo por la fe en la revelación de la Palabra de Dios. Por eso, ahora, se nos manda diciendo: “despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.”

Lastre: “Impedimento para llevar algo a buen término con la adecuada celeridad: la falta de experiencia es un lastre. Sinónimos: estorbo, obstáculo, impedimento.

Asedio: Cerco que se pone a un lugar para impedir que salgan los que están en él o que reciban socorro de fuera.

Todo esto se aplica a la molestia constante que sufre una persona por insistencia de otra, los constantes pensamientos negativos y pecaminosos, las tentaciones que entran por los sentidos, los argumentos contrarios a la verdad de Dios, en los medios de comunicación y en la Internet. Así que en medio de todo esto que nos rodea diariamente tenemos que correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, o sea, el camino que Dios no has señalado, conforme a su voluntad, como le dijo a David:

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. (Salmos 32:8-9 RVR1960)

También se nos da como ejemplo o modelo a seguir, el mismo Señor Jesús: “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.”

Igualmente se nos reta a luchar, si fuere necesario, hasta la muerte: “En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.”

Se nos manda a vivir una vida con buenas obras: “Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.  Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas. (Hebreos 13:1-9 RVR1960)

Dios es el mismo y el mundo en el cual vivimos nos es un reto para poder vivir bajo la autoridad de Dios, pero si esta nube de testigos que nos rodea pudo, también nosotros podemos por la gracia y el amor de Dios si le creemos y obedecemos su voluntad soberana y absoluta.

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E07

¿Cómo…? ¿Se puede vivir bajo su autoridad aún?

2 pensamientos en “¿Cómo…? ¿Se puede vivir bajo su autoridad aún?

  • 11 febrero, 2018 a las 11:09 am
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    Qué bueno encontrar enseñanzas como éstas, que nos animan a seguir bajo su autoridad, aumentar nuestra fe y la importancia de cada día tengamos más conocimiento de la palabra de Dios.

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  • 16 octubre, 2018 a las 7:07 pm
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    Para vivir bajo la autoridad de Dios es necesario reconocer su existencia y el poder de su Santo Espíritu, conocerlo y aceptarlo para poder vivir como verdadero hijo de Dios. Bendiciones a mis pastores y padres espirituales Luis e Hilda.

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